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jueves, 11 de diciembre de 2025


La noxe





La vida, como la noxe
se ha vuelto una habitación sombría
y sin matices, 
quizás sea que la luz que me ilumina
ya se está apagando...
A veces los recuerdos 
se acuerdan de mí,
y se acuestan en mi cama 
silbando la canción de la luna
que esta noxe
desde lejos escucha 
cómo te murmuro en silencio,
como si fueras el último suspiro,
el último rezo, 
el que puede salvarme
del destierro de la soledad 
que llega en cada noxe sin estrellas, 
cubriendo como un manto
este frío que agobia
y esta pena que quema,
que carboniza
el recuerdo de tu ausencia...


miércoles, 3 de septiembre de 2025

 



Érase una radio a tubos, un profesor de dibujo, un artista visual y un concierto de Bach




Recuerdo que de niño me deslumbraban las radios y no sólo como dispositivo sonoro, sino también como artefacto. En ese tiempo eran de madera noble, con una gruesa tela cubriendo el parlante y con grandes diales para sintonizar manualmente las emisoras. Era el tiempo de la onda corta, la onda larga, Radio Moscú y los radioteatros entre otros contenidos. Me llamaba la atención que usualmente por alguna rendija de la tapa trasera se colara una luz anaranjada. Me subyugaba por alguna razón esa tonalidad que se repetía invariablemente en la mayoría de las radios existentes en el barrio. Eso y el zumbido eterno que quedaba como cortina al encenderlas, testigo de una imperfección sonora maravillosa, orgánica. 

Años después, cuando ingresé a la universidad, en segundo año de Dibujo tuve como profesor a César Osorio, un personaje tan atípico como deslumbrante. Podía tutearlo a uno o saludarlo con un respetuoso "Cómo está joven, gusto de verlo". Su constante volatilidad era diametralmente opuesta a lo concreto que había sido el profesor del primer año, al que llamábamos afectuosamente Jimmy Lyon. En una oportunidad escuché que en una clase César había hecho un análisis de un cuadro de Rembrandt en paralelo a una radio a tubos, a partir precisamente de la tonalidad anaranjada presente en la obra del pintor holandés. Cuenta la leyenda que había terminado su intervención llorando. Así de intenso podía llegar a ser. César acostumbraba a alabar mi trabajo, y con tiernos veinte años eso era combustible para aviones. Pero los aviones también se caen, y eso lo aprendí al final de ese año, aunque la lección que me dejó resultó ser imperecedera.

Es importante señalar que la volatilidad de César implicaba no evaluar con nota alguna los trabajos, así que llegamos al examen final literalmente en ascuas. Así las cosas, nos presentamos para ser evaluados por la comisión examinadora, integrada por una profesora de Historia del Arte y Humberto Nilo, uno de los referentes importantes de las artes visuales de la época. El primer golpe vino del propio César, junto con la primera gran lección. Fui evaluado con nota 4, y eso era una tragedia pensando que sobrevivía en base a becas que se otorgaban por rendimiento. Cuando lo interpelé, diciendo que para qué tanto halago durante el año si me iba a rajar en el examen, vino el segundo golpe: "Flaco (en ese tiempo lo era), tu trabajo es increíble, pero eso es pintura, y éste es un taller de dibujo", señaló y me dejó parado fuera del taller, en modo epaté. Aún sin salir del asombro, escucho que Nilo pregunta "¿De quién es esto?" y alguien me pega un codazo. "Mío.." digo casi en un susurro, esperando el repruebo. Nilo me mira, se rasca la barbilla y señala "Quiero ver esto con color, cámbiate a pintura". Segundo jab en menos de cinco minutos, porque para ser honesto ni en mis mejores sueños o pesadillas me había imaginado como un pintor. Si hasta ese momento para mí todo era la música, con banda y todo. "Dale, yo te firmo la carta", insiste el artista visual que había logrado notoriedad tiempo atrás por exponer vísceras en el Museo de Bellas Artes en tiempos de represión y censura, aludiendo a que el cambio de carrera necesitaba un referente y aval académico. La historia terminó con un final feliz, pues Nilo y la profesora me aprobaron con la nota suficiente como para no perder las becas. Al término, César -con una actitud parental que no olvidaré jamás- me aparta del grupo poniendo su brazo en mi hombro derecho y señala: "Flaco, recuerda...forma cerrada, forma abierta. Ah, y piensa en la propuesta del profesor". Tercer puñetazo. 

A partir de ese momento la observación se instaló como un eje para entender la realidad, factor que fue reafirmado en la cátedra de Iluminación, en tercer y cuarto año. Nunca -para bien o para mal- me cambié de carrera. Me faltó convicción probablemente y una cuota importante de cojones, como muchas otras veces. El dibujo quedó relegado por treinta años. Cuando lo retomé ciertamente estaba un poco oxidado, pero he ido resolviendo paulatinamente algunas cosas, unas de mejor manera que otras. Nunca he olvidado lo aprendido en las antiguas lides, y por cierto, aquella performance de Osorio haciendo un paralelo entre una radio a tubos y Rembrandt. ¡Qué ganas de haber estado ahí!

Lo anterior, a propósito de que tiempo atrás estaba terminando un retrato mientras sonaba el Concierto Brandenburgués N° 5 de Bach. Sincrónicamente lo di por terminado en el momento cúlmine del solo de clavecín, mientras unas lágrimas traidoras rodaban por mis mejillas. Fue imposible no recordar a César y su aparente mala evaluación de mi trabajo que abrió una puerta inmensa a la comprensión de un oficio que nunca termina.

(Basado en una historia casi real)   


  

domingo, 6 de julio de 2025

Me bajé en la próxima parada






Hace unos años repliqué en Facebook un post del destacado filósofo y escritor italiano Umberto Eco (1932 - 2016), donde señalaba que internet -y puntualmente las redes sociales "habían otorgado a legiones de idiotas el derecho a hablar lo que antes sólo comentaban en el bar después de haber bebido, sin dañar a la comunidad". Si lo repliqué es porque concordaba con ello, ciertamente. De aquello han pasado a lo menos siete años, evidenciándose cada vez más aquella afirmación, aunque para ser justos no tanto en Facebook como en Twitter, al tener X -así llamada ahora- menos filtros para seguidores. Lo que en un comienzo resultó ser una interesante plaza para fructíferos debates, hoy es un circo romano absolutamente polarizado, donde los matices suelen no tener cabida. Con la aparición de los llamados "bots" y las "cuentas parodias", X se ha transformado en una insoportable y egocéntrica vitrina de traseros, pechugas y comentarios virulentos y violentos. Tuiteo, luego existo.
   
Creo -puedo estar equivocado- que el ambiente político y en general la contingencia vivida post "estallido social" han sido generosos proveedores de caldos de cultivo para tal odiosidad, amén de una creciente y desmedida falta de respeto, donde la única opción pareciera ser denostar a quien piensa o actúa diferente. Es común ver en un posteo de tres o cuatro líneas la misma cantidad de insultos de grueso calibre. Si no hay espacio para los matices, tampoco lo hay -en líneas generales- para poner la pelota contra el piso y pensar la siguiente acción. 

Descartes lo dijo hace tiempo ya: "Parece ser que la razón está muy bien repartida: todos dicen tenerla". Lo que ocurre en Planeta X pareciera confirmar aquello. Lo realmente preocupante -en mi opinión, que nadie ha pedido, eso está claro- es la escasa o nula capacidad reflexiva detrás de febles argumentos. Junto con ello, el derecho a voto que depositamos como sociedad en individuos que actúan de una manera absolutamente dicotómica y visceral.

Tiempo atrás comenté a parte de mi círculo cercano que "me había bajado del tren", refiriéndome con ello a que ya no me importaba cómo hacían las cosas los que debieran hacerlas pensando en el bien común, porque finalmente siempre salen a relucir las clásicas "yayitas" junto a las explicaciones que no explican nada. De capitán a paje es la cosa. Discépolo y "Cambalache" instalados como una gran e irrefutable verdad.

Si un par de pelotudos -en realidad son varios más, para el caso es lo mismo- piensa que la guerra es la respuesta, entonces que se den, pero antes que dejen en claro a qué instancia una guerra puede ser la respuesta. Si quieren seguir matando a niños y ancianos inocentes argumentando lo indecible, háganlo, que la vida pronto les pasará la factura. De esta función nadie se va sin pagar, y aquí el "tres cuotas precio contado" no corre, aunque el culto a la cáscara esté más que instalado.

Estamos ad portas de una nueva elección presidencial que probablemente gane la (ultra)derecha mezquina y miserable. En las recientes primarias voté por Jeanette Jara sin ser comunista, aunque sí de izquierda. La de verdad, claro, no la "whiskierda" progre que le tomó el gusto al billetón. Imaginar un triunfo resulta tan utópico como necesario. Y en tiempos de distopía, es permitido soñar. Mientras, es menester aportar desde la trinchera personal, cualquiera que ésta sea. Para quienes tenemos más pasado que futuro, ésa parece ser la consigna.
 

domingo, 22 de junio de 2025

Six, sex, sax



Six months ago

Six saxs ago

Sex months ago

Sin sex, sin sax 

Six months ago...

Go, go, go...!!!


(Basado en "El perseguidor" / Cortázar, 1959) 

sábado, 21 de junio de 2025

 Las rosas de Putaendo

(Barber & Yo)


Llevo un tiempo largo -siete años para ser exactos- sistematizando información referente a conciertos de música docta en Chile, lo que se traduce básicamente en un constante aprendizaje y ampliación del repertorio a escuchar, con todo lo que ello implica, siendo relevante el aspecto historiográfico. También de un tiempo a esta parte he logrado consolidar lo que llamo "multi - militancia", refiriéndome con ello a la importancia y necesidad de escribir, sentarme al teclado, dibujar y fotografiar. 

Hasta hace un par de años viví en la precordillera, en una casa mágica que por casi tres años fue mi refugio y el lugar donde a diario fragué mi reconstrucción. Estando allí, una de las obras que se volvió recurrente ingresar y escuchar resultó ser el "Adagio para cuerdas", del compositor estadounidense Samuel Barber (1910 - 1981). Desde un comienzo me cautivó, debo admitirlo, provocando una sensación parecida al de Tomaso Albinoni. Escuchándolo posteriormente muchas veces y con especial atención, debo señalar que en mi opinión, la obra -de poco más de diez minutos de duración- transita por una agonía desbordante, y que Barber -según pude constatar con otras obras de su autoría- maneja de manera sublime la ecuación "ársico - tética". Resulta impresionante su capacidad para dejar en el aire una aparente falta de resolución por medio de notas agudas, y con ello remover las emociones.

Como señalé, viví en la precordillera, en una casa rodeada por rosales rojos y blancos, sentándome cada vez que pude en la pequeña terraza a escuchar el mentado adagio, y siempre me transportó a un estado melancólico profundo del que costaba zafar. También en esos momentos había decidido sumergirme -sobre todo después de haber visto un par de ensayos con diferentes orquestas y obras- en el trabajo del director venezolano Gustavo Dudamel. Fue así que encontré la interpretación del adagio de Barber a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Dudamel ciertamente. Esto fue coincidente con la relectura de "La correspondencia de las artes", del filósofo francés Etienne Souriau (1892 - 1979), que trata precisamente la equivalencia de lenguajes en relación a la obra, lo que podía contrastar -guardando la inmensa distancia- con mi trabajo surgido principalmente desde el dibujo, la escritura y la fotografía.

Un día, viendo la actuación antes mencionada y para mi absoluta sorpresa, reparé en que la cámara principal abandonaba la sala de conciertos, y por medio de un extenso travelling se desplazaba hasta unos jardines cercanos, pletóricos de rosas rojas y blancas, como las que acompañaban mis días en Putaendo. Recuerdo haber parafraseado mentalmente a Adolfo y decir "las rosas -la naturaleza en el fondo- son las mismas en todas partes, no hay rosas de primera o segunda categoría". Así de perfecta es la naturaleza y la buena música por cierto. Entendí, a partir de esta experiencia, que no me he equivocado al no oponer resistencia cuando la vida me ha situado en tal o cual camino, y que más temprano que tarde iba a coincidir con Barber y su obra, y que -al menos en el caso del adagio que motivó este texto- el uso del lenguaje y el material musical allí dispuestos tenían un equivalente visual en los rosales de Putaendo que fotografié tantas veces, quizás asfaltando premonitoriamente a punta de cientos de versos y dibujos, el camino para las emociones que vendrían después.        


martes, 17 de junio de 2025

Basado 
en una historia real



 "Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mía con sólo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser..."

(De "Rayuela", Julio Cortázar / París, 1963)

miércoles, 11 de junio de 2025

 Or (un guiño a Eliot)



El dictador, el traidor

el delator, el escribidor

el dibujador, el gran simulador

el de fútbol jugador,

el de huesos y canciones compositor,

el de pianos y guitarras afinador,

el elevador, la hermana transistor, 

el de esquinas doblador,

el masajeador, el gozador

el profesor y también el doctor, 

el usurpador, el congelador, 

el de Cortázar perseguidor, 

el persecutor y su primo el percutor... 

El aviador,

el de orquesta director,

el de cuchillos afilador, el numerador,

el contador de cuentos y el observador...

Todos, absolutamente todos

hemos alguna vez muerto y resucitado 

una y otra y otra vez

sólo por amor...   



martes, 22 de abril de 2025

 

El largo camino a casa



El blanco muro iluminado por luces mortecinas vigiló mi infancia en el barrio Benavente en incontables noches de invierno frías y lluviosas. Arrancaba exactamente frente a la casa de mis abuelos - en el linde de la maestranza y la Panadería Ferroviaria- y se perdía al llegar al viejo y hoy inexistente Puente Los Cristi. Constituía la parte final de la vereda más larga que he visto en mi vida y que hasta hoy recorre aproximadamente quinientos metros.

Fue testigo inmutable de las pichangas que a diario jugábamos con la patota del barrio en el potrero que era la antesala de la panadería, desde donde emanaba el olor del pan recién horneado todo el día. Indudablemente había vida. Esa misma vida –al cumplir diez años- partí a vivirla al sector sur de la ciudad, donde coincidentemente llegaron algunos vecinos del barrio. Los inviernos siguieron siendo crudos pero el paisaje de la infancia cambió para dar paso a la vista de cerros y un río. El muro -no obstante- aparecía con cada visita a la casa de mis abuelos, aunque su vista nocturna se fue espaciando en el tiempo hasta desaparecer cuando dejé mi propio bayou para emprender un vuelo en busca de los sueños amalgamados a punta de sabores, olores y colores. Para ello sólo contaba –como ahora- con un par de alas imaginarias.

Volví muchas veces al barrio hasta que la geografía humana cedió a la ley de vida y fueron desapareciendo prácticamente todos los referentes. El olor a mostaza y fritanga se tomó el centro de la ciudad y todo se fue al carajo cuando el pueblo empezó a pensar como ciudad. Como suele ocurrir; como siempre no más. Me tocó deambular –literal y metafóricamente- por una infinidad de mundos; musicales y de los otros. Tuve un par de bandas, grabé algunos demos y me enamoré de las consolas de grabación y el proceso de producción en el estudio. Del lenguaje y la construcción del sonido. Me dediqué un tiempo largo a componer –como suelo decir- un montón de mala música que descansa en casetes desperdigados por ahí. Entremedio amé, reí y también lloré. Me desbarranqué varias veces y supe que la perfección existía cuando reparé en la naturaleza y me tocó vivir al borde de una quebrada, en medio de cerros o en una isla. Ahí está todo. Todo viene de ahí. El resto es un cuento accesorio que en mi opinión poco aporta. Cargo en mi mochila de vida todo lo que he podido hacer en este viaje del que he vuelto después de mucho y no puedo menos que sentir un dejo de tranquilidad. El regreso no fue planificado ni querido, pero si siempre he andado los caminos donde me ha puesto la vida, no creo que sea ésta la ocasión para cuestionar nada.

Largo fue el camino a casa. Cuarenta años después vuelvo a transitar por esa calle que me vio crecer y que hoy me acompaña en la tarde de mi vida, cuando queda cada vez menos y todo parece alejarse lentamente para perderse en un punto final que cada fin de semana transforma en un nuevo comienzo.

lunes, 17 de febrero de 2025


Con "S" de Sabina



Deseo

Que la noche no respete la luz roja

y que desparrame luceros

en la intersección de tus piernas;

que una ambulancia 

se lleve los recuerdos heridos

y que tus labios se vuelvan 

helado de crema.

Que un payaso se vista de negro,

que a mi ataúd le pongan tres ruedas,

que en un horno de barro se cocinen ideas,

y un manco dibuje mil círculos

con mi compás de espera.

Que el tren delantero salga a la hora

que el agua del mar enamore a la arena,

que el hijo de mi vecina, el menor,

pare de llorar,

que funcione alguna vez mi reloj de pulsera.

Que me aprueben este mes el préstamo en el banco

y así poder pagar la deuda interna,

que me llegue un regalo en San Valentín

y que no sea la última vez ni tal vez la primera...

Que el vino de misa aterrice en mi mesa

y que un cura bendiga mi siesta

después de pecar en el confesionario

escuchando las penas ajenas.

Que a una viuda no le falte un entierro,

que al finado la muerte se le vaya en collera,

que se tomen los dos un fin de semana

y dejen a todos esperando en la iglesia.

Que no me hagan pintar la muralla china

ni subir la escalera al cielo,

que no me hagan una reserva en el Motel California,

que me pregunten primero si quiero.

Que me permitan regalar el desierto florido

y los poemas que he escrito este invierno,

que en un concurso me gane un pasaje al infierno

con derecho a fundir el olvido...

Y que sea un tálamo para ti la floresta

y para mí el ataúd reclinable,

que los gastos comunes 

este mes no salgan tan caros,

que sean a lo menos, abordables...

Que les siga yendo bien a mis amigos,

que sigan estando a pesar que no los vea,

que se jodan de a poco 

y uno por uno mis enemigos,

que me sigan ayudando

las chicas de Thayer Ojeda.

Que no falte el café en mi alacena,

que no me corten la luz este mes,

que se te pase por fin el estrés

y dejes de vagar como alma en pena

por mi sala de espera.

Que todo esto tenga un final

y me dejen saltar la vida por la ventana,

declarar por mensaje de texto 

mi amor eterno hasta fin de mes,

canjear mis puntos por un octavo día a la semana.

Que me renueven la licencia 

para matar el tiempo,

y que caduquen mis ganas de ver

a la parca sentada a mi mesa,

que pase todo de una buena y puta vez.

Que esto deje de ser una broma,

y que pase, al menos, de historia a recuerdo,

que la luz de la luna 

se acueste de nuevo en mi cama,

que dejes de ser lo único que tengo...

    


Tenía 

Tenía un gato de plástico falto de un ojo,

un aro abollado, una pistola de agua

y una orquesta sin piano...

Una pelota de fútbol 

herida en tres partes,

un tren de cuerda cansado de andar,

una casa en un árbol 

con vista al mar

y un deseo irrefrenable 

de querer mirarte...

Tenía una novia en mis sueños

y una patineta rota apoyada en un muro,

cuatro esquinas que encerraban mi mundo

y un caleidoscopio robado a su dueño;

una pelota de trapo esperándome al sol,

un diario de vida con poster central,

lápices de colores desparramados en el patio

y una tele en blanco y negro para colorear...

Tenía en mis sueños un cumpleaños feliz, 

una torta de barro, zapatos nuevos de clown

y para la fiebre un remedio amargo.

Tenía una erección traicionera 

despidiendo mi infancia,

un libro de aventuras desventuradas,

un tango viviendo en los transistores

después de la misa de siete,

un radioteatro que me hacía reír

y a veces llorar.

Tenía un helicóptero que de verdad volaba,

un auto rojo a fricción,

la pobreza desvalida 

de algún compañero de viajes

y la muerte de otros tantos sin razón.

Atrás, en el patio de la infancia

en medio de una falsa inocencia,

quedaron tiradas las bolitas ojitos de gato,

un ciruelo cargado de sabores, olores

y de interminables historias a la sombra;

tenía un perro que se aburrió de ladrarle a la luna,

mis ganas de ser cura, soldado o doctor;

en la cama de alguien que no recuerdo

quedó enredado el olor  de los pechos soñados

a la luz del carrusel,

y en un papel, garabateada -quizás imaginada- con lápiz azul

la renuncia indeclinable a lo pasajero

y al lugar común...

  

Bendit@ sea

Bendita sea la espuma 

mezcla de mar y cerveza

que me permitió tatuar tu espalda

en una noche de luna,

bendita la musa 

que me visita en sueños

me pone alas sin tocarme siquiera 

haciendo que la quiera

y me saca a volar de vez en cuando

por esta ciudad cansada de doler;

benditas sean las piernas que no tienen piedad

con mis obsesiones más oscuras,

bendito sea el cielo que no para de llover...

Bendito el cabrón al que la vida le va bien 

benditas las putas con estilo 

que no se arrepienten de nada,

bendito el que tiene un postgrado en puterío

y ejerce en todas las camas con maestría,

bendito el artista, el que hace todo con nada...

Bendito sea el que calla sin tener motivos

bendita la hembra que se monta en el macho,

bendita la luna, que sin permiso de nadie 

afila desnuda en el Calle-Calle,

bendito sea el inventor de los abrazos...

Bendito el que le resulta el tratamiento 

y puede ponerse al día con los polvos atrasados,

bendita la mujer ganadora 

que apuesta por los perdedores,

bendito sea el gato que perdona la vida a los ratones 

y benditas las lenguas que conocen tus sabores...

Bendito sea el imbécil 

que soporta mi perorata sin sentido,

bendito el que dejándote los zapatos puestos 

ha logrado sacarte mil veces el vestido...

Bendito el que entiende y acepta

mi orgullo convertido en humildad y webeo,

benditos tus labios mayores 

que no perdonan en mi boca los escarceos

y atormentan cuando quieren mi deseo.

Bendita tu piel, bendito tu cuerpo,

bendita sea tu letra que no entiendo ni quiero entender,

bendito sea el momento en que arrié mi bandera 

frente al olor de tus cayenas

y el momento en que me convences de caer...

Bendito sea este febrero que nos regala un aguacero, 

bendita sea tu respiración 

bendito lo atroz de la pasión,

benditos los polvos con portaligas y sombrero;

bendito sea tu cuerpo sin vergüenzas 

que corre su última maratón en mi cama,

bendita mi puta sumisión que perdona tanta traición 

bendito el hecho que no eres una dama...

Benditas las minitas facilonas y los maracos 

que a medianoche y sin largona

no se bajan de sus tacos ni abandonan su sueño de llegar hasta mañana,

maldita sea la Silvana que apagó su celular...

Bendito el hecho de que ya no me gusta la vida

y bendita mi irremediable lascivia,

bendito sea el hecho que puedo escribir sin dar explicaciones,

renunciar ni redimirme 

bendito el hecho que existe Joaquín Sabina.

lunes, 8 de julio de 2024

 Ni flores, ni amores...tal vez sí



Me gustaría comprar flores para mi amor

pero no tengo un amor,

también quisiera llegar a casa

y tirarme en mi cama a descansar

un millón de horas,

pero no tengo tiempo

y tampoco cama, 

apenas un camastro maloliente...

Ésa es la realidad, mi realidad

pero deberé mentir,

es lo más probable

pues la rubia de neón

sentada al final de la barra

ha encendido seductoramente los motores 

enardecidos por los tres o cuatro guisquis

que me he echado encima...

Tal vez deba finalmente comprar flores,

quizás la rubia al final de la barra

sea mi amor eterno por esta noche, 

quizás pueda transformar mi camastro

en un tálamo de nubes

y sea ella mi hermosa Juno,

quizás su entrepierna sea el cielo 

teñido de violeta

y su vientre el volcán 

que cenice mi existencia... 

sábado, 6 de julio de 2024

Sketches in the rain



 El invierno de mi infancia

me ha secuestrado

como lo hizo el verano

y también el otoño,

la primavera también quizás....

Pero ahora es el turno 

del olor a ropa húmeda

a barro en los zapatos,

es el turno del olor a café 

y tostadas con mantequilla Las Peñas

en una tarde cualquiera

alrededor del brasero 

y los últimos rescoldos, 

es el turno de la gotera incesante e isócrona

sobre una lata desvelándome;

es el tiempo de pozas en las calles

y perros temblando de frío, 

es mi infancia con olor a polenta 

en jarro plástico que abriga las manos

 corriendo detrás de una pelota de trapo

con la pandilla del barrio;

es el tiempo de sueños que nunca acabaron

que nunca terminaron de construirse

y se enredaron en la infancia upelienta,

en el sexo que despertaba 

dejando atrás una supuesta inocencia...

Hoy el invierno de mi niñez 

no quiere soltar,

y se acuna a mi lado

en esta cama de casi viejo 

que me cobija y resguarda

silbando melodías dibujadas 

en blanco y negro

en medio de la noche...

Hoy he vuelto a soplar 

las brasas de mi propio rescoldo

para ser feliz hasta donde se pueda,

y me sorprendo con una melodía

mientras salto sobre un luche imaginario

recogiendo la peña 

hecha con maíz y pita blanca 

anudada en la paciencia;

salto una vez más hacia el pasado

salto por última vez y esta vez hacia el fin

que por fin ha llegado

Chirpy chirpy cheep cheep... 



Promesas 


Derramaré una lágrima por día

hasta desangrar esta tristeza

que me arranca el alma a jirones

como la rapiña descuartiza su presa...

Derramaré una lágrima por día

hasta que mi pecho cicatrice del dolor

y me haga intentar una vez más

el vuelo de la dicha

con alas de cera

y me haga caminar sobre el hielo delgado

ése que se rompe fácil...

 Soledad


Soledad, qué palabra fatal

cuando arremete sin que la llamen

y se hace eterna

como noche de invierno en el polo

acurrucada a un costado

prometiendo no irse

prometiendo penetrar cada poro

hasta que la respires, la exhales y la exudes...

Soleda, qué terrible sentimiento

que ahoga hasta la náusea

y luego adormece

haciendo creer que se ha ido...

domingo, 30 de junio de 2024

 

Érase unos niños sin canciones

 

Domingo, mediodía. Sentado en un banco de la plaza de armas local, espero –cámara en mano- que aparezca una buena foto. Tal cual. Finalmente la foto existe per se y uno sólo debiera sentirse afortunado por tener la posibilidad de obturar en el momento justo para eternizar el momento.  

- Hola caballero ¿tiene una moneda?

- No, lo lamento… - digo casi en piloto automático, tanteando mis bolsillos, y el mocoso –de unos diez años, que aparece al medio en la primera imagen- asiente con la cabeza y se retira. Pasan unos pocos segundos hasta que obturo un par de veces sin convencerme. Por el flanco izquierdo aparece nuevamente el rapaz, esta vez con dos amigos, que saltan directamente a la yugular.

- Tío me da una moneda…

- Yo también quiero tío… - dice el otro

-¿Para qué quieren plata?

- Yo pa comprarme una pistola con láser en los chinos… - dice el primero

- Yo pa comprar palomitas. Tengo luca y me faltan quinientos ¿Tiene quinientos tío?

- ¿Dónde están sus papás? – pregunto idiotamente, adivinando el jab que se viene

- En el campo…

- Yo no tengo…- dice el otro

- O sea, tenemos, pero están lejos…- dice el tercero

- Es lo mismo po…- responde uno de ellos y se largan a reír.

- ¿De dónde vienen?

- Del hogar que está detrás del terminal…

- ¿Los dejaron salir?

- No, nos arrancamos, pero vamos a volver luego; después de acá.

- Yo quiero una cajita feliz… - dice el tercero, mirando el local del McDonald's que se ubica a escasos metros, recordándome por qué estamos conversando.

- ¡Oohhh sí, con papas y hamburguesas! – responden a coro sus amigos.

“Cajita feliz”, me digo. Y en un vuelo non stop directo a comienzos del milenio que dura apenas unos segundos, aterrizo recordando la cantidad de veces que engullí la famosa cajita sólo para coleccionar la figura que traía, regalo para la Francisca, mi entonces única sobrina. Hoy tengo tres. Los chicos siguen haciendo malabares con la moneda que aún no les doy. “Si mi sobrina era feliz con esa mierda, por qué estos chicos no…” me digo y les propongo ir por una cajita infeliz.

Dentro del lugar me encuentro con la fauna clásica, para qué entrar en detalles. Le pido a la chica que me atiende amable y robóticamente alguna orientación. Los chicos –que esperaban fuera- no controlan su ansiedad y entran desordenando el ambiente aspiracional pasado a fritanga. “¡¡Tío, tío!! ¿Qué pasó con la cajita feliz?”. “Ya casi está lista, así que limpien sus manos con alcohol gel”, respondo indicando el pilar donde se ubica el dispensador. La gente mira sin entender. Una cajita y tres niños. Seguro piensan “putas el hueón tacaño…una pa tres”.

Salgo con los chicos y nos ubicamos en las bancas del exterior del local. No quiero que los miren mal ni que sigan arriscando la nariz. “Todo se comparte”, digo perentoriamente y asienten sonriendo, con los motores en marcha. Mientras comen recuerdo el discurso de un conferencista en un encuentro reciente. Hablaba –de acuerdo a su trabajo con chicos vulnerables- de cómo se repetía un patrón en ellos: seguro nunca nadie les había cantado una canción de cuna o infantil, quizás el primer gesto afectivo lógico o esperable hacia un menor.   




Y mirando a estos chicos disfrutar algo tan simple y comportarse como lo que son –niños- convengo en que probablemente nunca escucharon su propia canción de cuna, que quizás el primer contacto físico no fue una caricia, sino un coscorrón o derechamente un golpe. El gesto que hacen de manera inconsciente simulando un arma en sus cabezas cada vez que obturo da para mucho. No quiero usar la imaginación. No hay para qué y no tengo derecho a castigarlos, aunque ellos no lo sepan. Siento pudor por pedirles una foto, pero me siento con el deber de retratar esta infancia maltratada con la que muchos –incluso saliendo de la iglesia que está a metros de ahí después de golpearse el pecho- se hacen los lesos. 

Y he aquí la parte final de la historia, que no termina precisamente con los chicos felices dándome las gracias y preguntando a coro si vengo el próximo domingo. Los miro a la distancia y no logro desatar el nudo en mi garganta. Sólo la impotencia de comprobar que el concertacionismo y la nueva pillería se farrearon al menos tres generaciones lo logra. Porque –por si nadie se los ha dicho- quienes hoy hacen encerronas y se jactan de tener armas y un buen pasar gracias a la droga, eran niños durante su gobierno. Y no hicieron nada por ellos, excepto ridículas e inservibles campañas de marketing para cumplir con el deber ser.

A la distancia veo a los chicos saltando y jugando con los perros que deambulan a su alrededor, peluseando como los niños que son, capaces de sonreír a pesar de todo. La pregunta cae por su propio peso: ¿por cuánto tiempo?  



 Manifiesto




El bolero de Nicole





sábado, 29 de junio de 2024

Love 4U 



Mi amor por ti, como la luna

pende de un milagro incomprensible,

es un misterio que se oculta

y a veces se muestra

en todo su esplendor

para alumbrar mis solitarias noches desde lejos

recortando mis pasos por el campo 

sembrado de rosales,

acompañando el canto de bandurrias

perdidas en el cielo estrellado

mientras bailan al compás del viento tibio

que sopla y besa mi rostro dulcemente

hasta inundar los espejos de mis ojos

que son otro milagro

pues te ven en todas partes

sin nunca haberte visto...    

 Por si tú quieres saber


Si tú quieres saber

lo que en ti buscaba

pregúntaselo a mis manos

que te dibujaban y te escribían

mientras dormías en la distancia...

Si tú quieres saber

lo que para ti guardaba

puedo decir 

que era algo parecido a un mundo,

con nuestras ganas desatadas

y nuestros ahogos amarrados

resbalando por la piel...


sábado, 18 de mayo de 2024


Nada

Nada más por quererte
nada más por no olvidar
y no dejar de besar 
nada más por evitarte...
Nada más por huir
nada más por volar y no tener fin
nada más por ser polvo de estrellas
tapizando las rosas del jardín 
nada más, nada...
Ya no queda nada más
que volver a ser nada, 
de no saber nada...
Es el tiempo
de que nada importe 
porque nada importa,
y hundirse en la nada,
perderse y desaparecer
hasta que nada 
de lo poco que fuimos, quede...





 

jueves, 2 de mayo de 2024

Sueños


Te miro

y el deseo

se anida en mi vientre 

hasta convertirse en un suave ardor...

Entonces intento una huida, una brecha,

pero tu piel me esclaviza, 

naufragándome en tu mar

profundo y tibio

donde me ahogan tus espasmos

mientras mis manos te anudan

y volamos tan alto 

que nos desintegrarnos... 


sábado, 13 de abril de 2024


Todas íbamos a ser rubias

 

(Not poema)


Todas íbamos a ser rubias; toas, toas, toas...
Las Calilas, Las Mojojojo, La Maiga, 
El Car'e Puta que le dicen
toas, toas, toas, toas

domingo, 7 de abril de 2024


La muerte y el silencio


Y si ya no tienes ganas de verme
sólo llámame
desde el recuerdo
para que juntos 
muramos en silencio
mientras me derramo 
en tus caderas 
imaginariamente
solitariamente
tristemente
eternamente... 

 

jueves, 7 de marzo de 2024

 

La muerte


¿Quién dijo que la muerte no era bella?

La he visto tantas veces rondando

y puedo asegurar 

que colinda con lo perfecto; 

llega cuando tiene que llegar

sin que uno se percate

porque seduce 

porque adormece

porque envuelve

con su halo de misterio,

de frío misterio...

Sucede que la muerte

es bella de una manera distinta

y permanece oculta

pero siempre a la vuelta 

de cualquier esquina de la vida,

esa que traiciona  

cuando menos se le espera

simplemente porque tiene ganas

de buscar una comparsa

para bailar la danza eterna

entre tus piernas, por ejemplo...

La muerte es tan lejana como cercana

puede desaparecer en la niebla de los días,

de los sueños y los deseos

pero siempre está;

la muerte, aunque es amiga de la soledad

y es fácil de confundir

sólo se parece 

en que ninguna de ellas te suelta

y de ninguna se vuelve...

martes, 13 de febrero de 2024


En defensa propia 


En mi defensa puedo argumentar

que no vine porque quise,

sino más bien 

por una necesidad imperiosa 

de poder volar,

de mirar lo mismo de siempre

pero de un modo distinto.

En mi defensa puedo señalar

que cuando dije puedo

quise decir quiero,

cuando dije tú quise decir todo lo tuyo,

todos los días, siempre;

que quise decir vuelo en vez de sonrisa

y eternidad por decir vida.

En mi defensa puedo decir

que me arañaron el alma

sin darme yo cuenta 

pues llovía mientras lloraba

y a lo lejos alguien cantaba,

invitándome a elevar mis alas.

En defensa propia huí,

en defensa propia sólo escuché,

en defensa propia me desnudé 

y en el silencio de mis noches te amé

para no incomodar, para dejarte ir

y poder seguir.

En mi defensa puedo argumentar

que desconozco ser quien soy;

en mi defensa digo

que fue en la poesía de tus labios

donde encontré la muerte eterna

que sabía a fruta del estío regada por la llovizna

y acunada por el sol de la quebrada

donde nunca estuve

para escuchar el canto de gorriones en bandada.

En mi defensa digo

que cuando intenté huir

me quedé enredado en tu sonrisa

y que abrazados durmiendo

viajamos hasta el fin...


FIN  

domingo, 21 de enero de 2024

 Recuerdos 

 

Te recuerdo 

como el otoño  

que no alcanzó a vestirse de rojo, 

como los gemidos 

que en soledad 

tantas veces me regalaste 

dejándolos escapar de tus labios 

hasta tocarme a la distancia 

para que los acallara 

con un beso húmedo 

en el silencio de la noche, 

en medio de un sueño inquieto 

que desaparecía con el vuelo 

del primer gorrión de la mañana, 

cuando al despertar volvías 

convertida en un puñado de palabras

que desparramaba en el primer papel

que encontraba

mientras te buscaba para olerte

en las rosas del jardín de nuestra casa

que no era nuestra...

 

Cuando yo muera 

 

Cuando yo muera 

podrán entrar todos y todas 

a mi habitación imaginaria. 

Entonces habrán conocido un camino, 

los olores que me acunan, 

la música que me duerme 

y los libros que me cuidan  

y alejan de lo que no quiero. 

Podrán escuchar el canto de los queltehues  

bordeando el lecho del río 

que antes era río 

surcando la noche cálida  

mientras oculto mi llanto bajo la almohada. 

Podrán embriagarse 

con el olor del café 

recién destilado 

y deleitarse con las portadas de discos 

detenidos en el tiempo. 

Dvorak, Santana, Janacek, Bach, 

Deep Purple y el Festival de San Remo

entre muchos otros 

podrán contar y cantar 

lo que pienso, lo que escribo 

lo que dibujo 

mientras respiro, mientras camino  

en esta tarde de mis días. 

Cuando yo muera 

estas paredes 

contarán tantas historias 

como sueños tuve. 

Cuando muera 

lentamente y de una en una  

las cuerdas de la guitarra

colgada en la pared desafinarán, 

y será ésa mi propia letanía, 

un pobre remedo lacrimoso. 

Cuando muera 

no me iré a ningún planeta ni bar

porque ya estuve en todos;

cuando muera nadie se dará cuenta,

cuando yo muera nadie cerrará la puerta, 

cuando muera 

simplemente habré muerto.